¿qué cresta estás haciendo aquí? me preguntarías, haciéndote el tarado -el más rico de todos- y nada, mi amor, mírame, que no hay nadie más vulnerable que yo en el mundo. Dime ‘de rodillas, nena’, y yo te haría caso, y abre la boquita, nena, y yo abriría la boca, me quedaría quieta, como tú lo quisieras, y me dirías ‘trágatelo todo’. Entonces tú vas a decirme bien, perrita, bien, y ahora muéstrame las tetas, y yo lo haría, y te regalaría todo, devota como virgen. O me dirías ‘mi amor, en cuatro’ y me agarrarías de las caderas como cazador y no me soltarías nunca; y después tú me dirías ‘cásate conmigo’ -quédate conmigo- y yo te diría que sí, que quiero esto para siempre, porque tú y yo sabemos que tú, mi amor, eres lo más vulnerable del mundo.

