minotauro
Cuando visito al minotauro en su refugio absurdamente circular nos encontramos sin vernos. Yo lo veo por un espejo. Él no ve nada. Nunca recuerda nada de mí: sólo me busca, ansioso, me llama, ansioso, cada vez que no estoy. No sabe por qué. Entre visita y visita el minotauro nunca recuerda nada de mí, sólo se le cristalizan adentro -dolorsamente- pulsaciones que son como ríos de vidrio.
En cada visita llego preparada para ser drenada: a través del espejo, lo veo confundido y agitado y complacido, por lo menos. Escuchamos el sonido de mis tacos de aguja acercándose – yo escucho, minotauro recoge puras señales nebulosas que no puede entender. Él mira un punto en que imagina que yo estoy y se equivoca siempre. Me sirvo una taza de Earl Grey, le pregunto si quiere manzanilla. Me responde que sí pero luego lo olvida. Me pregunta las mismas cosas una y otra vez. Yo le respondo, a veces; otras lo ignoro y luego olvida que preguntó, o se confunde, creo, y piensa que ya le he respondido y no se atreve a preguntar de nuevo. Estoy ciego y casi sordo, dice. Tus pensamientos son una cajita sagrada – le respondo, pensando en que ojalá hubiésemos hablado más antes. Hablamos de métodos de tortura y de poesía. Me cuenta de Pablo de Rokha y su carrito de libros. Esto se repite varias veces. Ya me tomé todo el té y quiero irme, desasida. Ya me voy, papá. Lo digo de cerca al espejo, para que me escuche: tanto, que mis labios empañan la superficie. Minotauro mueve la cabeza hasta clavarme los ojos nebulosos, y sucede algo inédito: se levanta de la silla, desesperado. Se da contra el marco de la puerta, retrocede, llora, me dice no, quédate, háblame, quédate. Siento de ese miedo eléctrico, medular. Corro hacia la puerta, mis zapatitos suenan: nos encontramos, sin espejos, él hecho un puñado de nervios informes y heridos, pegados como telaraña sobre la única salida. No me quedo acá, no me quedo acá, repito, contenida. Llora, se crispa sobre sí mismo, me odia. Me tapo los oídos: sus sonidos son terribles. Me encuentra con el único ojo nebuloso que puedo identificar, se quiebra. Veo sus huesos cayendo agudamente al piso, sus frágiles huesos de vidrio.

