oh, D. love bites.
¿Me tienes miedo?, preguntaste. ¿Me tienes miedo, D? (Y entonces sentí mucho de ese vértigo) Más que la cresta. Me aterrorizas con tu plumero, con tus libros de Rubén Darío que lees porque te gusta ese oropel modernista, me paralizas, mierda, me das miedo cuando te desbordas y te incendias y me dices “ardamos”, llorando, me das más miedo que la cresta y la puta madre, porque ya veo tus entrañas desparramadas sobre el piso flotante (que hace sonar tus zapatitos) hechas origami y los vidrios agudos, Júpiter, como huesos, los vidrios agudos de los cristales que rompas cortándote la piel, tú llorando, tú cortándote las muñecas, muñeca.

